» ¿Son Las Serpientes Los únicos ANIMALES VENENOSOS?

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Para defenderse o matar a sus presas, numerosos animales disponen de sustancias más o menos paraliantes o asfixiantes. Animales simples, tales como los corales, las anémonas de mar y las medusas, reaccionan al menor contacto expulsando un gran número de pequeños arpones envenenados. Las abejas, las avispas, los abejones y compañía inoculan su veneno con un dardo. Las hormigas rojas, así como las arañas y los milpiés, liberan su sustancia tóxica mordiendo.

Los escorpiones utilian el extremo de su abdomen, modificado en un aguijón unido a una glándula con veneno. Los conos, mariscos frecuentemente muy hermosos, inoculan un veneno a veces fulgurante. Algunas rayas pueden también inocular veneno gracias a un aguijón situado en la cola, y otros peces, tales como los peces araña o los terribles peces piedra, tienen franjas de aletas picantes y venenosas. El ornitorrinco, único mamífero venenoso, posee en cada pie un espolón unido a glándulas con veneno.

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Su picadura es dolorosa.

Cuando se habla de veneno, se piensa inmediatamente en las serpientes. Sin embargo, las boas y los pitones no son venenosos. Otras, como algunas culebras, no pueden inocular su veneno más que por dientes retrasados en el fondo de la boca. Las más temibles serpientes venenosas, como las cobras, los crótalos, las víboras, etc., disponen de colmillos inoculadores unidos a las glándulas salivales. Porque el veneno de las serpientes no es otra cosa que una saliva un poco particular. Algunos lagartos, como los helodermos de América, poseen también una saliva venenosa y su mordedura puede ser terrible.

Pero el veneno no es la única sustancia animal que puede resultar peligrosa. A veces, la carne es simplemente tóxica. Tal ocurre con el hígado del oso blanco, que los esquimales no comen, o con la carne del tiburón dormilón, ¡de tal manera cargada de desechos que no se la puede comer más que podrida! Otros animales están verdaderamente envenenados.

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Un arriesgado placer

El curioso «pe globo» vive en el océano Pacifico. Cuando se siente amenaado, se hincha hasta el punto de alcanar tres veces su talla normal. Así impresiona a sus enemigos. Pero esto no hace retroceder a los gastrónomos japoneses, que consideran a este pe como uno de los manjares más refinados que haya. Para acceder al raro placer de degustar su carne, audaces gastrónomos arriesgan su vida. Porque este pe tiene un inconveniente importante: su hígado contiene un veneno casi trescientas veces más tóxico que el cianuro, a igual dosis. Y, aunque está prohibido, algunos cocineros muy hábiles se arriesgan a prepararlo. ¡Poniendo cuidado en eliminar el hígado!

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