¿Cómo Se Defienden Las PRESAS?

Las presas tienen raramente armas eficaces que oponer a las de los depredadores pero ¿Cómo se defienden las presas?. Los cuernos de las gacelas, por ejemplo, son más ornamentaciones que armas. Y raros son los herbívoros que, tales como los elefantes y los rinocerontes, hacen retroceder a sus agresores. El reflejo más frecuente es, por tanto, la huida. La detección de los depredadores y la rapide son frecuentemente la mejor defensa. Pero aquí, también, un gran número de depredadores corre tan deprisa como sus presas.

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Algunos animales, tales como los búfalos, se defienden activamente. No siempre salen vencedores, pero frecuentemente hacen huir a su agresor. Igualmente, los delfines se deshacen de los tiburones combatiendo. Los golpean a gran velocidad y logran así matarlos. Entre los invertebrados es donde se encuentran más animales que luchan contra sus agresores. Algunos disponen incluso de armas terribles, tales como los dardos venenosos de los abejones, las avispas y abejas. Frecuentemente, la vida en rebaño es una buena protección contra los depredadores.

Un león no ataca a un rebaño de búfalos, porque no saldría vivo. A veces, el rebaño entero planta cara, como entre los bueyes almiclados del Gran Norte. Los lobos se lo piensan dos veces antes de enfrentarse a los cuernos de los machos. Las cebras o las gacelas, que no tienen otra defensa que la huida, viven igualmente en grandes rebaños. Se dejan sorprender menos fácilmente por los caadores, porque siempre hay individuos que dan la alarma. Muchos animales se defienden pasivamente. Así, el erio, el puerco espín, el armadillo, la tortuga están protegidos naturalmente por sus púas o su caparaón. Pero frecuentemente, en ve de huir o de combatir, los animales se esconden o se camuflan. Pueden confundirse con su entorno, por su forma o sus colores. O bien, tal como los camaleones, cambian de color y se hacen casi invisibles.

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Para luchar contra sus enemigos, la evolución ha dotado a algunos animales de soluciones originales. Algunos engañan a sus agresores cambiando de comportamiento: se hacen el muerto, o bien se hinchan; o también están dotados de apéndices amedrentadores. Algunas mariposas, por ejemplo, poseen grandes ocelos en las alas. Se parecen a ojos y asustan a los pájaros. Otros tienen un sabor tan desagradable que un depredador no los come dos veces. Otros, incluso, parecen animales bien armados, como algunas moscas, rayadas como las avispas.

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